Estoy pasando un momento de mucha negatividad. Puedo huir, correr, esconderme. De hecho, es lo que deseo, acostarme y no saber nada de nada. A cada rato caigo aquí. Esta falta de compromiso con la fe no me hace bien. ¿Creo o no?
PRIMERA SEMANA, error, verguenza y temor
Veo como tiendo a huir luego de ver mi error. Deseo esconderme tras mi verguenza, llorar y lamentarme en vez de enfrentarlo, detenerme y decir, “me equivoqué, lo acepto lo haré distinto la próxima vez”.
PRIMERA SEMANA, entre la misión y la complacencia
Esto es como forzar una puerta. Sientes que exponer tu vida a estas preguntas produce el mismo chirrido, requiere la misma fortaleza, impone la misma resistencia y algo se quiebra, mucho se tensa y definitivamente no se siente bien.
Es fácil de palabras poner la vida en tus manos Señor. De hecho, es algo muy distinto. El desapego (indiferencia) es casi contra natura. Si no fuera porque sé que algo muy superior me espera, no pasaba por ésto. Pero tengo tanta confianza en esta vocecita que has colocado dentro de mi, que me pongo a su disposición, deseo escucharla, atenderla, cultivarla para con mucha certidumbre dar en el blanco, acertar la marca, donde reside mi felicidad y tu gloria.
Me duele cambiar de residencia; también pedir la custodia de mi hija; revisar mi relación con B., ni se diga; hacer lo que tengo que hacer en mi trabajo y lo del ejercicio y la dieta… Sería tan fácil seguir como estoy complacientemente pero después viene la factura del dolor, la cuenta que te pasa la vida por no hacer lo que tenías que hacer.
Así que entre la esperanza de la felicidad y el miedo al dolor me muevo yo, hoy.
SEMANAS PREPARATORIAS, REVISION 1, complacencia vs. más y mejor
Hoy, primera reunión con P. Larry. Compartí con él qué me había consolado y qué desolado. Resumiendo:
1. Temí entregar mi vida al Señor. No deseaba que El cambiara algo que está tan bueno.
2. Me di cuenta de que el Señor solo me darás más de lo mejor; no entrará a mi vida para empobrecerla.
3. Lo bueno es enemigo de lo mejor.
4. Más trabajo, más de mi hija, más de buenas actitudes, más de buenos pensamientos, más de buenas relaciones, mejor condición física, mejor salud, ect.
Por alguna razón me siento alegre y confiado ante la vida. Miedo me da, pero no es como antes. Hoy me siento tan y tan feliz de estar vivo en esta existencia imperfecta como es que a veces me pregunto si estaré bien. Es que es como una confianza extrema, invulnerable casi, aún cuando yo adoro mi vulnerabilidad. Y hay más, es que siento que así será siempre.