No puedo esconderme de ti. Sí, a veces lo hago, muchas, con estas actitudes mías con las que me niego la verdad de mi vida. No es intencional, es casi un reflejo que me permite presentar una mejor cara al mundo mientras te doy la espalda a Ti. Miento, presumo y con eso oculto mi lado humano, mi temor, mi miedo, mi “falta”.
Es tan innecesario todo ésto. Vivir así no vale la pena, es un castigo (autoinfligido), una condena que me encadena. Es muy sencilo acogerme a tu mirada desnudo, exponer mi humanidad ante Ti y recibir a cambio la gracia infinita de Tu amor por mi. A cambio recibo paz, valor, optimismo y alegría y entonces, vivir sí que es vida.