Hoy, mucha consolación. Estoy muy claro de que es mi plenitud donde reside Tu gloria. Sin embargo, es una plenitud que no es necesariamente la del mundo, la que éste valora. Porque no se trata de querer lo que el mundo, desea sino lo que Tú deseas para mi concretamente, como individuo único e irrepetible. Es en esa singularidad, en ese llamado individual, en esa plenitud única mia, que Tú te glorificas. ¡Así de mucho me quieres! Haces la felicidad a la medida.
Por eso es que mi trabajo, mi familia, mi hija, mis amistades, mi relación, mi salud, mis actitudes, mi dieta, mis ejercicios… son tan importantes. Porque Tú me has comunicado que es en ellas que reside mi misión, mi vocación. Tengo un llamado a vertirme en esas cosas. De eso depende mi vida y tu gloria.
Esto me estimula a enviar la próxima edicición del boletín comunitario que produzco, también a volver a hacer ejercicio y a trabajar con más ánimo. ¡Es lo mejor para mi!