SEMANA PREPARATORIA, vida como encarnación de la gracia

El Señor pide actos, promete una recompensa. Yo actúo, entonces recibo. La llamada es a una acción espécifica, concreta. La promesa es la alegría, la abundancia, la invincibilidad.

Como yo no tenía nada que valiera la pena aposté a la promesa de la alegría. Así, hace ya unos años trato de vivir de acuerdo a esa voz interior que me llama a actuar de cierta manera. Por eso me casé con V. y por eso luché durante mi matrimonio con ella. Luego, cuando mi divorcio, también fue siguiendo esa voz. Por esa misma voz escogí trabajar en lo que trabajo, como lo hago y dónde lo hago. También bajo la guía de esa voz soy con mi hija y conmigo mismo como soy. Y así podría escribir y escribir sin detenerme detallando toda mi vida como producto paulatino del seguimiento a algo que me pareció mejor de lo que tenía.

Lo sorprendente para mi ha sido lo de la alegría. Verdaderamente nunca imaginé poder sentirme tan feliz como me siento ya hace unos años. Aún hoy se me hace super difícil creer que eso de seguir una vocación funcione. Me parece abstracto, vago, arbitrario. Pero, qué puedo decir, si me ha funcionado. Ha sido un regalo inmenso para mi que vivía tan desesperanzado (aunque aparentara otra cosa).

Hoy estoy aquí, porque se que hay más. Si me preguntaras como lo sé, tampoco podría explicarlo muy bien y referiría este sentimiento de que hay más, a la misma voz que me trajo hasta aqui.

Publicado en on Febrero 16, 2007 at 3:12 pm Comentarios (0)
Tags: ,