Esto es como forzar una puerta. Sientes que exponer tu vida a estas preguntas produce el mismo chirrido, requiere la misma fortaleza, impone la misma resistencia y algo se quiebra, mucho se tensa y definitivamente no se siente bien.
Es fácil de palabras poner la vida en tus manos Señor. De hecho, es algo muy distinto. El desapego (indiferencia) es casi contra natura. Si no fuera porque sé que algo muy superior me espera, no pasaba por ésto. Pero tengo tanta confianza en esta vocecita que has colocado dentro de mi, que me pongo a su disposición, deseo escucharla, atenderla, cultivarla para con mucha certidumbre dar en el blanco, acertar la marca, donde reside mi felicidad y tu gloria.
Me duele cambiar de residencia; también pedir la custodia de mi hija; revisar mi relación con B., ni se diga; hacer lo que tengo que hacer en mi trabajo y lo del ejercicio y la dieta… Sería tan fácil seguir como estoy complacientemente pero después viene la factura del dolor, la cuenta que te pasa la vida por no hacer lo que tenías que hacer.
Así que entre la esperanza de la felicidad y el miedo al dolor me muevo yo, hoy.