Descansa. Espera. Entrar con ese ánimo a estos Ejercicios. De eso se trata el prepararme. Tener un actitud de saber que voy a recibir abundantemente y bueno. Se trata de que el Señor no es el único que actúa aquí, que de mi se requiere una acción decidida, un optimismo terco, una alegría segura. Y llegado aquí, le pido esas actitudes porque a la larga, dependo de El hasta para depender de El.
SEMANA PREPARATORIA, el milagro
Salmo 139. Tú me examinas y me conoces… Abrirse a este conocimiento superior, más amplio, no necesariamente lógico; ponerse en oración y entablar un diálogo con “algo” que trasciende las palabras, inefable; descansar en ese espacio y escuchar; luego creer que es cierto y ponerle acción requiere mucha fe y mucha humildad.
A mi me regalaron la humildad. Sí, a puros golpes de equivocación y veguenza comprendí derrotado que yo no era el mejor guía para mi vida. Entonces pregunté a la eternidad, a un vacío que me parecía inútil en aquel momento, “¿qué hago?” y para mi sorpresa, que fue inmensa, una respuesta qué me dijo, “decide de nuevo que yo estaré contigo” y yo, que era tan tonto en aquel entonces miré a mi alrededor buscando la fuente de aquellas palabras porque no podía ser.
La fe creo que me la gané. Porque yo no creía nada y sin embargo, ante mi propia oscuridad y desacierto aposté por pura carambola a ese otro que desconocía. Y todo comenzó a salirme mejor y sólo por eso me dije, “quizás”.
SEMANA PREPARATORIA, la derrota ante el amor
Y tras esa voz fuerte y poderosa descubrí yo la grandeza de tu amor. Sí, estando tumbado, derrotado, con toda mi humanidad expuesta, pude ver que me amamabas y que tu reclamo se dirigía a que yo reconociera que era esa vulnerabilidad lo que me llamabas a aceptar. Y entonces, cuando vi mi vida desde mi deseo de ser amado, querido, cuidado, necesitado, encontré a mis padres cuidando de mi, así como a mis profesores, mis vecinos, mis tios, abuelos y luego vi que mi escuela, mi casa, mi alimentación, mi vestido, que todo también era expresión del mismo amor que por todos sitios se colaba y me sostenía aun desde antes de nacer. Y así mismo vi todo lo creado, en función de mi.
Dame la gracia de entrar a estos ejercicios con la certeza de que tu amor abundante nunca cesará. Si otra vez me invitaste con delicada insistencia, es porque ya el banquete está servido. Dame, insisto, la gracia del gusto por tu amor. Deseo saborearlo todito, no perderme una pizca de tu esplendorosa creación.
Quiero ver tu amor en mi madre, mi hija, mis amigos, en el campo, en la carretera, en el clima, en mi cuerpo, mi salud, en los alimentos, en mi ducha, en mis sobrinos, mi hermana, en la tecnología, en b., en fin, quiero, deseo, me muero por experimentar que mi vida transcurre en Ti. ¡Dame la gracia!
SEMANA PREPARATORIA, humildad
“Amárrate los pantalones como hombre”, le dice el Señor a Job luego de que éste le reclamara soberbiamente y engrandecido. Entonces procede el Señor a recordarle quién es Dios y quién el hombre.
La humildad es la verdad. La verdad requiere valor de hombre, de adulto. Reconocer que mi horizonte es límitado no es fácil. Es descubrir(me) vulnerable como una partecita itinerante dentro del marco infinito del espacio y del tiempo. Es (ex)ponerme a una perspectiva imensamente amplia del cosmos y terríblemente limitada de mi mismo.
Pero este asunto de la humildad no se trata de un conocimiento, un inventario de cosas grandes vs. pequeñas. Más que eso es una como la que vive Job al encontrarse ante la voz del Señor del (uni)verso, la voz única, la imponente inmensidad de una maravilla tan conmovedora que hizo temblar las entrañas del pobre Job. Entonces caes de rodilla, postrado de cara al suelo porque la (ex)istencia te mantiene dentro colocándote fuera/(ex)ilado, en tu lugar de hombre.