Salmo 126 (125)Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.
Hasta los mismos paganos decían:
“¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!”.
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!
Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones.
El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas.
¿Y no es precisamente lo que he escrito en mi entradas anteriores? ¿Por qué insisto que no puede ser? Es tan limitante vivir creyendo que no es posible ser tan feliz. Se paga con la duda, con el fatalismo, la negatividad, la tristeza, la desesperanza, el miedo, pero la felicidad persiste e insiste y te das cuenta de que tienes que decir “¡sí, soy feliz y no volveré a dudar de que todo estará bien mientras haga lo que tengo que hacer!”