Veo como tiendo a huir luego de ver mi error. Deseo esconderme tras mi verguenza, llorar y lamentarme en vez de enfrentarlo, detenerme y decir, “me equivoqué, lo acepto lo haré distinto la próxima vez”.
PRIMERA SEMANA, postergación
Decisión contra la confusión que sentí ayer al ver la realidad del 2006. Verguenza experimenté al tener frente a mi, mi trabajo, mis ingresos y mis gastos. No entendí cómo pasé el año pasado, qué hice durante doce meses, para hacer tan poco pudiendo hacer mucho más.
Corriendo luego, ejercitándome, llegó a mi mente la imagen de esa postergación, de esa duda que me paraliza, de esa acción del más o menos por si acaso fallo, que hace de mis actos unos débiles, enclenques, “trili”, como dicen por acá. Y vi clarito como tengo que ser decidido ante Tu voluntad que conozco.
No quiero “perder” mi vida. Deseo ganarla.
PRIMERA SEMANA, entre la misión y la complacencia
Esto es como forzar una puerta. Sientes que exponer tu vida a estas preguntas produce el mismo chirrido, requiere la misma fortaleza, impone la misma resistencia y algo se quiebra, mucho se tensa y definitivamente no se siente bien.
Es fácil de palabras poner la vida en tus manos Señor. De hecho, es algo muy distinto. El desapego (indiferencia) es casi contra natura. Si no fuera porque sé que algo muy superior me espera, no pasaba por ésto. Pero tengo tanta confianza en esta vocecita que has colocado dentro de mi, que me pongo a su disposición, deseo escucharla, atenderla, cultivarla para con mucha certidumbre dar en el blanco, acertar la marca, donde reside mi felicidad y tu gloria.
Me duele cambiar de residencia; también pedir la custodia de mi hija; revisar mi relación con B., ni se diga; hacer lo que tengo que hacer en mi trabajo y lo del ejercicio y la dieta… Sería tan fácil seguir como estoy complacientemente pero después viene la factura del dolor, la cuenta que te pasa la vida por no hacer lo que tenías que hacer.
Así que entre la esperanza de la felicidad y el miedo al dolor me muevo yo, hoy.