
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser bendiga su santo Nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides ninguno de sus beneficios.
El perdona todas tus iniquidades,
y sana todas tus dolencias.
El rescata del sepulcro tu vida,
y te corona de favor y misericordia.
El sacia de bien tus anhelos,
y como el águila se renueva tu juventud.
Hoy es viernes santo. Hoy yo celebro tus maravilas, tu inmenso amor. Termina la contemplación del pecado, la primera semana de los ejercicios, cuando eres crucificado. No es coincidencia que sea asi. Ante nuestro pecado Tú, salvador.
Sólo te pido, “déjame seguirte, a tu modo en mis circunstancias”. Deseo recordar tu dolor, tu desilusión, tu tristeza. No se le llama pasión por capricho. Redimir da trabajo, cuesta. Por mi lo hiciste. Te levantaste a diario, caminaste, sudaste, pasaste hambre, cansado me atendiste, me diste de comer y beber, me llevaste a tu casa, sanaste mis heridas, entraste a mi vida, me diste valor…. ¡Tanto por mi! Y al final, crucificado por mi.