Antes no sabía qué hacer con mi vida. La vida me llevaba como una hojita por una cañada. Yo como un niño la observaba y era la hojita a la vez. Ahí estaba yo. No había mucho más, salvo un sentido de impotencia ante unas circunstancias poderosas que me guiaban. Sí, una vocecita interior a veces hacía un amague de pronunciarse, de como querer decirme algo, pero yo no le daba mucha oportunidad, me era muy incómodo siquiera un asomo a mi verdad de entonces como hombre impotente y sin voluntad.
Es desde que sigo la voz que escucho cuando oro que me siento seguro. La vida tiene sentido, yo juego un papel, se lo que deseo y tengo un plan para lograrlo, se además que es bueno lo que busco y que sirve a otros. He descubierto mi dignidad y la de otros. De ésto se trata:
Educar una hija.
Tener un negocio.
Servir a mi comunidad.
Mejorar mi hogar.
Estabilidad y progreso económico.
Buenas amistades.
Mantener mi salud física, mental y espiritual.